La madre de todas las batallas tuvo otro final por Ricardo Roa

Posted on February 18, 2014

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La madre de todas las batallas ha terminado. O mejor sería decir casi ha terminado. Y no de la manera en que imaginó el Gobierno, que era silenciando a Clarín. La AFSCA aprobó el proyecto de adecuación a la ley de medios presentado por el Grupo aunque al anunciarlo, Martín Sabbatella, el jefe del organismo, contara otra cosa: “Nos reconforta haber logrado que todos los grupos demedios, aún el más poderoso y perjudicial para la democracia, hayan tenido que rendirse al imperio de la ley”.

El Gobierno quería que Clarín se rindiera. Y eso es lo que pretende hacer creer Sabbatella que ocurrió.

La realidad es que a fin de año, el Grupo Clarín dejará de operar empresarialmente como hasta ahora pero periodísticamente no habrá cambios. Funcionará dividido en seis unidades de negocios con el periodismo de siempre (ver página 3).

Los diarios, canales y radios seguirán informando con independencia, sin ataduras y reflejando todas las voces. Siendo críticos cuando haya que ser críticos y siempre cerca de la gente y acompañando las necesidades de la gente.

Probablemente, tampoco cambie el Gobierno. La inmensa red de medios que maneja directa o indirectamente y que financia con fondos públicos continuará discriminando las voces críticas y poniendo altoparlantes a las adictas. Es el único periodismo que entiende, el de la propaganda y la propaganda es lo contrario al periodismo.

Presentada como una revolución democratizadora y progresista, la ley de medios no ha conseguido ni una cosa ni la otra porque ése no era el auténtico fin. Nació vieja. Tanto que ignora la existencia de Internet, donde se está definiendo el futuro de los medios.

Desde el principio el objetivo fue otro: Clarín. Descuartizar a Clarín para debilitarlo económicamente. La gesta hasta forjó una fecha emblemática, el 7D del 2012, cuando suponía que la Justicia decretaría el acta de defunción. En esa pelea, lo que consiguió fue profundizar la división en la sociedad.

En los hechos, la lucha contra el supuesto monopolio privado culminó con un verdadero monopolio estatal y paraestatal. De una u otra manera, el 80% de los medios audiovisuales es controlado hoy por el kirchnerismo. Amontonar medios con la plata del Estado no es democratizar. Ha sido un derroche de millones para una mínima audiencia.

Con esa excusa de terminar con los monopolios, el Gobierno buscó acallar la disidencia creyendo que así aumentaban las chances de eternizarse en el poder. En el combo también entraban la justicia obediente y la re-re. La madre de todas las batallas sigue igual suerte.

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Nada de diversidad de voces: puro autoritarismo. Y el autoritarismo no es progresista ni conservador, es simplemente autoritarismo.

Ricardo Roa

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